En el sector de la producción de aceites vegetales, especialmente para mercados internacionales como Europa, América Latina o el Medio Oriente, la elección del proceso de prensado no es solo técnica: es estratégica. Una decisión mal tomada puede afectar la calidad del producto final, los costos operativos y, sobre todo, la percepción de marca en el extranjero.
Según estudios del Instituto Internacional de Aceites (IIO), el prensado en frío (cold pressing) conserva hasta un 90% de los antioxidantes naturales en aceites como el de girasol o canola, mientras que el método en caliente (hot pressing) puede reducir esta cifra a menos del 40%. Esto explica por qué los consumidores europeos pagan un 20–30% más por aceites “sin procesamiento térmico”.
| Característica | Prensado en frío | Prensado en caliente |
|---|---|---|
| Rendimiento (% de aceite extraído) | 68–72% | 80–85% |
| Calidad sensorial | Aroma natural, sabor intenso | Menos aromático, más neutro |
| Consumo energético | +15% respecto al caliente | +20% si no hay recuperación de calor |
Como experto en procesos de extracción de aceites, Dr. Luis Fernández (Universidad Politécnica de Valencia) señala: “La clave está en saber cuándo usar cada método. Para soja, el prensado caliente es eficiente; pero para semillas de chía o lino, el frío es indispensable para mantener valor nutricional.”
Si su empresa procesa soja, una combinación de prensado en caliente seguido de extracción con solventes puede optimizar el rendimiento sin sacrificar demasiado la calidad. Sin embargo, si trabaja con semilla de colza o girasol, invertir en equipos de prensado en frío puede abrir puertas a mercados premium en Alemania o Suiza, donde los consumidores pagan hasta un 35% más por productos orgánicos certificados.
Además, las mejores plantas industriales están implementando sistemas de recuperación de calor residual —como los descritos en el informe de la FAO 2023— que reducen el consumo eléctrico hasta en un 25%. Estos ajustes técnicos no solo mejoran la sostenibilidad, sino que también cumplen con los requisitos de normativas ambientales como la UE’s Green Deal.
Una fábrica en Argentina que cambió de prensado en caliente a frío para su línea de aceite de oliva virgen extra vio un aumento del 40% en pedidos desde España en solo 6 meses. Por otro lado, una planta en México que aplicó control de temperatura en la etapa de precalentamiento logró reducir sus costos de energía en $12,000 USD/mes sin afectar la producción.
Estos ejemplos demuestran que la transformación tecnológica no siempre requiere inversiones masivas. A veces, pequeños cambios en la operación diaria generan grandes diferencias en rentabilidad y posicionamiento global.
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